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Posted on by Jhonnie Knoxville

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JUGUETES A LA CARTA

Hacía ya siglos desde que entró el ambiente cósmico en la Era de Acuario, concretamente siete siglos más o menos. Para los desconocedores, el punto vernal de entrada del Sol en los 29º 60’ de Acuario, o sea cuando el Sol ocupaba dicho punto de la eclíptica o franja zodiacal de constelaciones, aconteció exactamente en el equinoccio del año 2423 d.J.C. De tal modo que empezando el tercer milenio de la Era Cristiana (no empleada, ya hacia tiempo, para aquel entonces), Acuario ya estaba libre de manifestarse realmente, sin rémoras ni recuerdos de influencias de la anterior era astrológica; la de Piscis, comprar en un sexshop online.

Por tanto, este relato se ubica en dicho entorno. Es por ello interesante informar al lector de que Acuario es la quintaesencia o sea máxima manifestación del elemento aire, de la predominancia mental absoluta, de la frialdad del pensamiento exacto, de todo lo que significa individualidad en contra de la gregariedad propia de Piscis, quintaesencia del sentimiento.

Hacia tiempo pues, que el “tanto tienes, tanto vales” pisciano, había sido sustituido por el “tanto eres, tanto vales”. La “imagen”, refugio del débil, por el “carácter”, patrimonio del fuerte. La común “opinión”, por el fundamentado “criterio”, consoladores de gelatina.

Los enormes avances en el conocimiento del funcionamiento cerebral y de su control, en la creación de seres por una oportuna manipulación genética, en la habitabilidad ecológica del planeta Tierra incluyéndose la colonización de esos enormes espacios suboceánicos e intraterrestres, en asombrosas tecnologías y no menos adecuadas estructuras politicosociales que no consideraban la, hacia tiempo, demostrada como obsoleta, democracia enfrentada a la manifestación natural y ecológica para el ser humano, habían desembocado en una estructura de la Humanidad, casi totalmente inconcebible en aquellos remotísimos siglos, como este siglo XXI, desde el que ésto se escribe, vibradores clasicos.

Insisto, allá en el siglo XXXI de la antigua Era Cristiana, la ordenación jerárquica de la sociedad era abrumadora, aún más que abrumadora, absolutamente asumida por todos, al redescubrirse la eterna utilidad de esas leyes de hierro de la madre Naturaleza.

La mujer engañada del siglo XXI se había empeñado tanto en desestimar los valores femeninos en pro de sobrevalorar los valores masculinos, que había olvidado su verdadera razón de ser útil para la Naturaleza: Gestar, parir y nutrir a esos frutos lógicos y naturales del placer masculino, balas vibradoras y huevos vibradores.

Primero, aparecieron los “trabajos” de gestadoras y paridoras a sueldo, que por razón de su situación socioeconómica desfavorable, emplearon, por miles, a ciertas mujeres; no ya para evitarles estos trabajos a esa nueva clase de mujer, competidora e imitadora del hombre que se puso de moda entre las capas socioeconómicas poderosas, sino como recipiendiarias de los productos de los experimentos científicos relacionados con la procreación de seres obtenidos gracias a la manipulación genética.

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